“El Patito Feo
A quienes valientemente luchan por salir adelante, dejando de lado estereotipos y prejuicios
…
Erase una vez una madre pata que se regocijó muchísimo con el nacimiento de sus pollitos, los que rompieran su cascarón todos casi al mismo tiempo. Entretanto, le entró preocupación y congoja al constatar que uno de los huevos seguía enterito. Su instinto de madre le advirtió que no se trataba de un huevo huero, que había vida dentro de ese cascarón, por lo que la madre pata pacientemente se acomodó sobre él durante uno o dos días más, a la vez que abrigaba y tranquilizaba a sus inquietos polluelos, desesperados por explorar los derredores y meterse a la laguna a darse un chapuzón. ¿Saben ustedes lo que significa para un patito estar a la orilla de una laguna y no zambullirse en el agua? Si no se lo pueden imaginar, pónganse en su lugar…
Finalmente aparece el retrasado. Rompe el cascarón y se presenta ante su madre y sus hermanitos. Quedaron todos atónitos y se preguntaban unos a los otros:
-¿Qué le pasó a este maje que salió tan grande y tan sin gracia?
“¿Estás segura, mama pata, que este nuestro supuesto hermano no es un extra terrestre, un ET?
Muy aturdida, la madre no sabía que contestar. Era su hijo y tenía que protegerlo, defenderlo de burlas y eventualmente de picotazos. Le empezó a preocupar cual sería la actitud que el resto de la comunidad patuna de la laguna a que pertenecían tomaría hacía el extraño retoño. Sus temores fueron pronto justificados.
Todos cuestionaban por qué el extraño patito era tan diferente de los demás y decidieron que era feo, lo más feo que jamás habían visto. Los testimonios de las matronas más viejas y del consejo de ancianos fueron los más determinantes y creíbles. Atenta a los comentarios y rumores, no tardó que la madre pata empezase a sospechar que se estaba tramando un complot para eliminar a su feo hijito. Un paticidio estaba a punto de ocurrir y la madre pata se apresuró a evitarlo.
Para llevar a cabo su plan minimizando los riesgos, llamó aparte su raro hijito, el que tenía apenas semanas de nacido pero que había ya desarrollado una apreciable estatura y se veía robusto. Para su edad ya era además un hábil pescador. La señora pata sentía que se ahogaba de la tristeza pero se llenó de valor. Llevó su hijo donde nadie los pudiera ver ni escuchar y fue directa al grano: Se franqueó con él.
- Mira hijo, quiero que no te quepa la menor duda de lo mucho que yo te quiero. Más que quererte, te adoro. Yo podría dar mi vida para intentar protegerte, pero de nada nos serviría. Además que seríamos dos muertos, dejaríamos a tus hermanitos a la merced de los incompasivos vecinos, y terminarían también por sucumbir a sus agresiones. Este pueblo se ha vuelto tan irracional que no permitiría que ni vuestros tíos, abuelos y hermanos mayores se atrevieran a protegerlos. Yo se que los ánimos están demasiado exaltados y caldeados, pero se apaciguarán una vez que dejen de verte
- ¿Entonces, mamá, como piensas esconderme? ¿Me pondrás un disfrace? – preguntó Paton sin poder esconder su excitación.
- No hijo, desafortunadamente un disfrace no te serviría de nada, pues siempre te verías diferente…Más bien llamaría más fácilmente la atención sobre ti. La única salida es que te vayas lejos de aquí. Sé que va a ser duro para ti y muy duro para mí. Yo te amo, hijo mío, tú eres lo más lindo que mis ojos jamás hayan visto, pero ello no es suficiente para protegerte. Esta gente es muy cuadrada y no cejarán hasta que lleven a cabo su macabro plan…si les damos la oportunidad. Todavía quedan un par de meses en que habrá abundancia de granos, será fácil pescar en las charcas ya reducidas, donde los peces y las ranas se han amontonado y no habrá más que un poquito de frío por las noches. En lo que llega el invierno con su manto de nieve, ya tu estarás más fuerte, ya tu plumaje se habrá desarrollado para protegerte del frío… solo tendrás que arreglártelas y aguantar hasta la próxima primavera…
Su voz era entrecortada y a veces enmudecida por los sollozos. Aunque intentaba hacerse la fuerte, su corazón de madre estaba hecho trizas y añicos. Observaba a su hijito con aprehensión y ternura. Esperaba su reacción. Lo vio que tiritaba como si estuviera agonizando de frío. El aun frágil patito quiso ser honesto con su madre al participarle como se sentía y a la vez darle mensajes positivos, ayudarla a que su sufrimiento no fuera astronómico.
- Sentí que iba a morirme de miedo, mamá… pero ya me empiezo a sentir mejor. Se que tu estarás rezando por mí. Todo saldrá bien. Ya verás… ¿Verdad, mama…?
Se fusionaron en un abrazo. Mamá lo envolvió con sus alas y disfrazadamente, bien escondidito, se lo llevó lejos sin que nadie lo notara. Sus otros hijos la seguían, preguntándose donde estaría su hermano grandote, el superpatito, sin sospechar que estaba con ellos. Cuando ya habían recorrido más de una milla a la orilla de la laguna, mama pata les dijo a sus hijitos:
- Quédense aquí todos muy juntitos, muy quietecitos y agachaditos debajo de esta mata. No hagan la menor bulla ni ruido pues no estaré para defenderlos si los descubre algún bandido zorro o coyote. Estaré de vuelta en pocos minutos…
Para evitar las habladurías, temiendo la indiscreción de sus muchachitos, la dolida madre se llevó a su hijote a un lugar aun más distante donde nadie se podría percatar de su partida.
El plan de la huida del singular patito fue ejecutado a la perfección. La divina madre del divino Niño tendría que hacer otro tanto para sustraerlo a la ira de Herodes.
Al regreso, después de haber encaminado y despedido a Paton, con el corazón hecho pedazos pero llena de una fe inquebrantable en el futuro del llamado patito feo, recogió a sus hijitos, los que obedientemente habían esperado por ella a cómo ella les había ordenado, conteniendo la respiración cada vez que sentían la presencia cercana de algún depredador hambriento o glotón.
- Vamos, hijitos, apurémonos para estar de regreso antes que caiga la noche.
Sin levantar sospechas volvieron al pueblo. A la medida que pasaban los días todos se preguntaban qué habría pasado con el patito feo.
- Algún zorro o coyote se lo tisteó - sentenció la pata Ester
- Con lo grandote, pescozudo y torpe que era, cualquier coyote o zorro lo debe haber acechado hasta que se lo banqueteó. La madre debe saber lo que sucedió, pero seguro que no se va a chillar. Así es Luisa. Es más fácil sacarle un pescado o una rana del pico que arrancarle un secreto. A estas horas se debe estar comiendo su propio hígado pero no suelta prenda. Se le ve triste pero no hay forma que se queje o busque consuelo en nosotras – comentó Tula, otra de las chismosas del barrio que en varias ocasiones intentó hacer hablar a Luisa, dándole cuerda a través de ademanes y palabras aduladoras, mostrando una falsa compasión en la esperanza de arrancarle el secreto.
- Vieras como lo siento; Luisa…- le dijo Delia, fingiendo tristeza solidaria - Lo siento de verdad, amiga. No te resientas. La gente es mala…pero tú sabes que conmigo puedes contar…
Luisa sabía lo chismosas que eran las hipócritas Tula y Delia. Sabía que podía contar con ellas para regar algo que le contara, además que estaba segura que aumentarían el cuento. Cada vez que alguna se mostraba falsamente apesarada Luisa les contestaba que no se preocuparan, que ya se le había pasado la tristeza por la pérdida de su hijo. Luisa era más hermética que una tumba. Por lo discreta y reservada se había ganado esa bien merecida reputación. Por algo le había salido un hijo tan raro, comentaban entre ellas las chismosas y maldicientes vecinas de Patilandia.
- Esa no suelta prenda. La procesión la lleva por dentro. La patona Luisa siempre ha sido muy reservada. A veces uno se da cuenta que tuvo hijos hasta que estos ya está crecidos y empiezan a enamorar las muchachas del vecindario… o cuando sus hijas corren a disputar los mejores sitios para poner sus huevos…” – confirmó Sandra, otra pendenciera.
El asunto pro